En los últimos días, por no decir los últimos meses, hay una palabra que domina los titulares de los principales medios de comunicación. Nos la encontramos en las portadas de los diarios, la escuchamos repetidas veces en los programas de variedades en la radio, sin duda, es una palabra que está en boca de todos. Hablamos de los famosos EUROBONOS.
Las principales personalidades del país opinan sobre ellos, desde Maria Teresa Campos en sus interesantísimas tertulias matinales hasta los más altos cargos políticos en dicharacheras sesiones parlamentarias.
Pero, ¿realmente sabemos qué es un eurobono? A bote pronto, podemos intuir que se trata de una palabra compuesta; compuesta por Europa y Bono. Es decir, un titulo de renta fija emitida por la UEM. Navegando un poco por la red nos podemos encontrar con esta definición, por lo que parece no andamos muy desencaminados.
Tras este primer acercamiento, cabría hacernos una serie de preguntas para aclararnos un poco más su significado y las posturas de los protagonistas ante éstos:
¿Quién emitirá los eurobonos?
Para empezar, debería crearse un nuevo organismo supranacional que unifique por fin las políticas económicas de los países pertenecientes a la zona euro. Es decir, si hasta ahora, mediante el BCE, se habían unificado las políticas monetarias, con la creación de este nuevo ente que unificase las políticas fiscales se conseguiría a una integración económica completa.
Y una vez integradas las decisiones económicas en la UEM, estaríamos en disposición de crear una agencia emisora de deuda pública con el respaldo de los 17 países en los que circula el euro. Un tesoro público a la europea.
¿Qué ocurrirá con las emisiones de deuda, las primas de riesgo y el rating de los países?
Tras crear ese hipotético tesoro público europeo , desparecerían los bonos, letras y obligaciones de los diferentes países del área euro. Por otro lado, dejarían de tener sentido las primas de riesgo de los países, dada la desaparición de la deuda pública alemana, por lo que la prima de riesgo se calcularía como diferencial entre la deuda pública americana emitida por la Reserva Federal y los eurobonos. Como consecuencia de todo ello, las agencias de rating pasarían a calificar la solvencia del conjunto de la Unión Monetaria.
¿Por qué Angela Merkel reniega de los eurobonos?
La situación que se le plantea a Alemania en estos momentos no es sencilla, por un lado, es claramente el país más solvente de la Unión, goza de total credibilidad por parte los inversores internacionales y es capaz de colocar deuda pública al menor interés de todos los países de la unión. Por no mencionar que poseen un rating AAA, el mejor valorado.
Con la creación de los eurobonos, Alemania y los países más solventes de la zona euro (Holanda, Finlandia, Austria, Luxemburgo y Francia, todo ellos AAA, aunque este último quizás por poco tiempo), deberán devolver un mayor interés por pedir prestado, lo cual no es plato de buen gusto para ninguno de ellos. Aunque vista la delicada situación de sus bancos con la adquisición de deuda griega, tal vez deberían dejar de mirar la paja en el ojo ajeno.
¿Por qué los PIGS ven los eurobonos como la panacea?
Y cuando hablamos de PIGS, no sólo incluimos a Portugal, Irlanda, Grecia y España, cada vez hay más países que “quieren” pertenecer a este selecto grupo, como podrían ser Italia o Bélgica
Tras la aparición de los famosos eurobonos, los países menos solventes repartirían el montante de su deuda sobre el resto de países y desaparecería el riesgo de quiebra (a no ser que quebrase la Unión Europea; dios no lo quiera). Podrían endeudarse a un interés menor, a costa de perder una independencia económica que hace días quedó varada en Bruselas.
¿Se crearán finalmente los eurobonos?
Sólo con el tiempo sabremos la respuesta, pero no parece muy sensato retrasar su creación dada la delicada coyuntura en la que nos encontramos. Si seguimos en esta línea, muy posiblemente España, Italia y Bélgica sigan el camino marcado por Grecia, Irlanda y Portugal, entonces, poco se podrá hacer desde Bruselas, que no sea la desintegración de la UEM, salvo agrupar una deuda que para entonces estará demandando unos intereses desorbitados.
Por un lado, parece que el BCE se está acercando a la postura de la emisión de “eurodeuda”, pero poca confianza ofrece ya un organismo cuyo máximo dirigente decidió subir los tipos de interés en la delicada situación en la que nos encontramos. Y en la otra esquina del ring, la canciller alemana, está decidida a no dar su brazo a torcer, haciendo una vez más un flaco favor al devenir de una Unión que tanto sudor costó a sus predecesores.