Es fácil advertir la gran dificultad que encuentran los países más atrasados económicamente para combatir la pobreza, conseguir una mayor eficiencia en el aprovechamiento de sus recursos y por ende, elevar el nivel de vida de sus habitantes y superar la barrera del subdesarrollo.
Existe una gran cantidad de recursos que destina el mundo occidental para intentar paliar el hambre en los países más desfavorecidos, tanto asociaciones religiosas y ONGs como los máximos organismos supranacionales, el FMI o el Banco Mundial. Pero a la vez, observamos en los medios, el escaso efecto que estas ayudas consiguen en la economía de dichos países, siguen sucediéndose hambrunas en África, las guerras y la corrupción continúan cobrándose miles de vidas en los países árabes…
Existen varias razones que podrían explicar el poco impacto de las ayudas internacionales a países en desarrollo:
- Por un lado está la escasez de la ayuda para realizar un verdadero cambio económico en dichos países, el nivel de pobreza y subdesarrollo es tal, que en el mejor de los casos, dicha ayuda va destinada a intentar corregir carencias alimenticias o de salubridad, lo cual impide que la región avance económicamente. Sólo si se consiguen cubrir las necesidades básicas de los habitantes, se podrán destinar dichos recursos a la inversión que hace falta para aumentar la prosperidad.
- En segundo lugar, pero siendo una razón no menos importante, nos encontramos con la burocratización de las ayudas. La asignación de recursos del FMI o el BM tienen que pasar diferentes filtros, así como varios niveles de funcionariado, que hacen que las ayudas resulten lentas y costosas. En algunos casos el coste de la asignación puede llegar a ser mayor que el montante de la ayuda en sí.
- Una tercera razón de peso de la ineficacia de dichas ayudas es la corrupción política y las guerras permanentes instauradas en dichos países, que hacen que las ayudas gubernamentales se destinen a engrosar las cuentas corrientes de los líderes políticos o a la compra de armamento a los mismos países que prestan dicha ayuda.
A pesar de todo, existen algunas excepciones que han logrado cruzar la barrera del subdesarrollo y poco a poco lograr convertirse en países cada vez más industrializados y competitivos, como por ejemplo ha sucedido en varios países del sudeste asiático.
En dichos países ha habido una gran inversión por parte de grandes empresas extranjeras que han visto tanto en sus recursos naturales como en el nivel de población un gran potencial para generar beneficios. Aunque se debe aclarar que dichos países partían de unos niveles de pobreza muchos menores.
Visto lo visto, conseguir que los países subdesarrollados superen esta frontera económica es tarea casi imposible dado el poco interés de los políticos del mundo occidental en llevar a cabo medidas que realmente consigan acabar con el problema. Las ayudas que estos realizan son medidas mediáticas y populistas, que a corto plazo consiguen crear un gran impacto social y calmar las conciencias de sus ciudadanos, pero no son realmente medidas económicas que lo busquen solucionar.
Para conseguir que realmente estos países alcancen un desarrollo económico, se debería realizar una inversión industrial, abrir los mercados a las exportaciones de los países menos desarrollados e impulsar el sector agrícola y las manufacturas en los que estos países tienen una ventaja comparativa.
Claro está que estas medidas pueden acarrear grandes tensiones políticas y sociales, pérdidas de votos y obviamente, no generan esas dantescas imágenes de gente muriendo de hambre a la que poder colocar una música melancólica de fondo para emitir en las noticias.
Mientras las decisiones de los países ricos sean de autoprotección comercial no se abrirá de verdad el mercado permitiendo así el crecimientode los países pobres.
ResponderEliminarOjo, China ya hace tiempo que está invirtiendo en África a cambio de materias primeras